El cortejo de la política

Artículo de opinión de Paco Soler

- Escrito el 01 agosto, 2018, 11:00 am
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En el mundo animal, el cortejo por hacerse con los favores de la hembra, suele ser un ritual donde los gestos juegan un papel muy importante. Algunos de ellos son realmente atractivos. Este ritual parece ser la base extrapolable al mundo de la política. Un mundo lleno de gestos, de postureo, de medias verdades y de silencios. Las formaciones políticas se nutren de los votos captados, así que plantean una serie de objetivos y desarrollan estrategias con las que obtener una buena cosecha. Algunos, son capaces de vender su Alma al diablo con tal de conseguir sus propósitos.

A diferencia de los rituales de cortejo animal, los políticos se adornan con sus mejores aliños y salen a la caza del voto. Su gestión al frente de una administración, poco importa si ha sido buena o mala, o llena de mentiras. Algunos creen que una mentira repetida puede convertirse en verdad.

Aura de poder
«Entre los políticos no existe la autocrítica, entre otras cosas porque no existe la humildad para reconocer los errores, ni la valentía de enmendarlos»

Los políticos suelen ser efímeros, crean doctrinas adecuadas a su personalidad, un hecho éste que conduce al egocentrismo envuelto en regalo de vanidad. Cuando se miran al espejo no suelen ver su imagen reflejada en él, más bien contemplan su colorida aura de poder, un poder que, en manos de un novicio, puede llegar a ser catastrófico. No ven la estructura administrativa como un reloj suizo que debe funcionar con total precisión; la ven como un complejo rompecabezas, imposible de completar por ser incapaces de tomar decisiones, arriesgadas unas veces, acertadas otras, pero que deben tomarse.

A algunos solo les importa el postureo, el salir en la foto. Otros creen que por hacer cuatro actividades al año ya han cumplido con sus compromisos cuando, en realidad, se esperaba mucho más de ellos. Otros confunden los términos legales y aplican sus esponjosas normas basadas en su especial raciocinio, lo cual provoca efectos contrarios a los deseados y causa daños de difícil solución. Después están los inmovilistas, los que poco les importa que un empresario haya arriesgado su patrimonio en su empeño por emprender un nuevo trabajo.

Cerca de ellos están los que además de maquillarse, maquillan su gestión y la envuelven en créditos de futuro que, en poco tiempo, se convierte en humo. Por último, están los mansos de espíritu, aquellos que basan su gestión empleando un enorme porcentaje de su tiempo en crear redes clientelares que, al menos ellos así lo creen, les proporcionaría un importante nicho de votos. Sin caer en el detalle, claro está, de que cuando alguien deposita su voto en las urnas, lo hace dentro de un sobre.

Falta de autocrítica
«El postureo, el inmovilismo, el populismo y el clientelismo, son los factores que diferencian el lenguaje político»

La vieja y la nueva política ha sufrido una evolución interesante; los viejos se han hecho nuevos y los nuevos se han hecho viejos. Con lo cual, en base a ese acercamiento, en términos de existencia, sugiere que todos se han instalado en una cómoda posición del interés intermedio. Sin embargo, los gestos siguen siendo la referencia a tener en cuenta. El postureo, el inmovilismo, el populismo y el clientelismo, son los factores que diferencian el lenguaje político. Cada uno de ellos tiene una forma diferente de ser entendido, cada uno de ellos se postula para con sus acólitos.

Al final de todo, la recreación de la imagen frente al espejo despoja de la realidad a quien en ella se envuelve. Hay pasajes en la Biblia que dicen que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Pero también hay frases como “no es que haya hombres justos… Se creen justos”; o aquella que dice que “los hay que oyen…, pero no entienden”.

El hecho de mirarse al espejo debería significar la aceptación de ser como eres; sin embargo, entre los políticos no existe la autocrítica, entre otras cosas porque no existe la humildad para reconocer los errores, ni la valentía de enmendarlos. Por lo tanto, difícilmente podremos progresar. En definitiva, lo más importante en política es tomar decisiones, no esperar a que otros las tomen por ti, o tomarlas para contentar a unos u otros. Las decisiones se deben tomar en un contexto de amplitud de espectro, por el interés general, no de unos cuantos.