El opio del pueblo

En los últimos días estamos asistiendo a episodios que, al parecer, insultan las creencias de determinadas personas Me refiero concretamente a lo sucedido en los carnavales de Las Palmas. A mi juicio, todo lo acontecido entra dentro de las libertades fundamentales de un estado aconfesional como el nuestro. Puedo entender que ciertas personas se sientan heridas en su fe, sin embargo no entiendo por qué esas personas no entienden que otros sintamos que nuestra libertad se ve coartada en nuestras expresiones. ¿Dónde comienza y termina la línea que separa ambos derechos? «¿En qué caso nos posicionamos a una u otra parte de la famosa línea de los derechos de expresión?» El que se demande judicialmente estos hechos como constitutivos de delito y se justifique la pederastia y los abusos de sacerdotes a menores crea en mí un problema de entendimiento. Como también lo crea que se actúe de oficio por parte de la fiscalía en defensa de una religión, por el simple hecho de escenificar un acto religioso en un contexto pagano como es el carnaval. Mucho menos entiendo que todos los gobiernos europeos, incluido el español, formen piña en defensa de la libertad de expresión de una revista satírica como Charlie Hebdo cuando sufrió aquel horrendo atentado, sin justificación ninguna, ocasionada por aquella caricatura que fue una ofensa para el islam y que nos alarmemos ante una escenificación teatral. ¿En qué caso nos posicionarnos a una u otra parte de la famosa línea de los derechos de expresión? Todos fuimos Charlie, todos nos desnudamos ante aquella frase “Je suis Charlie”. Todos nos estremecimos ante el brutal asesinato de doce personas. Todos aplaudimos aquella manifestación en la que se politizó la expresión como un derecho sin paliativos. Asumir nuestra igualdad Sin embargo, se han robado bebés por parte de religiosas con el beneplácito de sacerdotes, se han cometido abusos por parte de religiosos que han sido encubiertos por los obispados, se han encontrado fosas comunes de bebés en conventos a los que, por cierto, sólo podían acceder sacerdotes; se han camuflado tantas tropelías que hasta el propio Papa ha tenido que intervenir. A pesar de todo, estos defensores de la fe se rasgan las vestiduras en defensa de la virtud cuando son ellos los que deberían dar muchas explicaciones. En pleno Siglo XXI, cuando la ciencia publica con certeza empírica que la evolución humana es un hecho constatable de naturaleza genética, los defensores de la religión refuerzan sus embates a la sociedad con una intolerancia brutal. Tan difícil de entender resulta que los caprichosos genes refuerzan su evolución sin que importe el género. Tan complicado resulta para los defensores de los cuentos bíblicos que nuestro cuerpo solo es una funda material vehicular para alcanzar un objetivo espiritual. Qué más da el sexo de las personas, su atracción o su integración, lo importante es asumir nuestra igualdad en todos los términos y ámbitos. Somos hijos del Universo, de la expansión celular, de la evolución intervenida; para nada necesitamos que nos liberen de nuestros pecados aquellos que cometen más que nosotros. Que nadie crea que ese Dios al que unos adoran y otros adulan, va a olvidar a todos los que, como dicen las escrituras, son todos su corderos. Post Views: 199

Artículo de opinión de Paco Soler

- Escrito el 03 abril, 2017, 12:30 pm
4 mins
En los últimos días estamos asistiendo a episodios que, al parecer, insultan las creencias de determinadas personas

Me refiero concretamente a lo sucedido en los carnavales de Las Palmas. A mi juicio, todo lo acontecido entra dentro de las libertades fundamentales de un estado aconfesional como el nuestro. Puedo entender que ciertas personas se sientan heridas en su fe, sin embargo no entiendo por qué esas personas no entienden que otros sintamos que nuestra libertad se ve coartada en nuestras expresiones. ¿Dónde comienza y termina la línea que separa ambos derechos?

«¿En qué caso nos posicionamos a una u otra parte de la famosa línea de los derechos de expresión?»

El que se demande judicialmente estos hechos como constitutivos de delito y se justifique la pederastia y los abusos de sacerdotes a menores crea en mí un problema de entendimiento. Como también lo crea que se actúe de oficio por parte de la fiscalía en defensa de una religión, por el simple hecho de escenificar un acto religioso en un contexto pagano como es el carnaval. Mucho menos entiendo que todos los gobiernos europeos, incluido el español, formen piña en defensa de la libertad de expresión de una revista satírica como Charlie Hebdo cuando sufrió aquel horrendo atentado, sin justificación ninguna, ocasionada por aquella caricatura que fue una ofensa para el islam y que nos alarmemos ante una escenificación teatral. ¿En qué caso nos posicionarnos a una u otra parte de la famosa línea de los derechos de expresión? Todos fuimos Charlie, todos nos desnudamos ante aquella frase “Je suis Charlie”. Todos nos estremecimos ante el brutal asesinato de doce personas. Todos aplaudimos aquella manifestación en la que se politizó la expresión como un derecho sin paliativos.

Asumir nuestra igualdad

Sin embargo, se han robado bebés por parte de religiosas con el beneplácito de sacerdotes, se han cometido abusos por parte de religiosos que han sido encubiertos por los obispados, se han encontrado fosas comunes de bebés en conventos a los que, por cierto, sólo podían acceder sacerdotes; se han camuflado tantas tropelías que hasta el propio Papa ha tenido que intervenir. A pesar de todo, estos defensores de la fe se rasgan las vestiduras en defensa de la virtud cuando son ellos los que deberían dar muchas explicaciones.

En pleno Siglo XXI, cuando la ciencia publica con certeza empírica que la evolución humana es un hecho constatable de naturaleza genética, los defensores de la religión refuerzan sus embates a la sociedad con una intolerancia brutal. Tan difícil de entender resulta que los caprichosos genes refuerzan su evolución sin que importe el género. Tan complicado resulta para los defensores de los cuentos bíblicos que nuestro cuerpo solo es una funda material vehicular para alcanzar un objetivo espiritual. Qué más da el sexo de las personas, su atracción o su integración, lo importante es asumir nuestra igualdad en todos los términos y ámbitos. Somos hijos del Universo, de la expansión celular, de la evolución intervenida; para nada necesitamos que nos liberen de nuestros pecados aquellos que cometen más que nosotros. Que nadie crea que ese Dios al que unos adoran y otros adulan, va a olvidar a todos los que, como dicen las escrituras, son todos su corderos.

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