La proyección de una ciudad para vivir

Hace poco me dijeron que la calidad de vida se mide por nuestra actividad de lunes a viernes, pues bien, aunque quien lo dijo se refería a la jornada laboral (es cierto, escojan un trabajo que les haga felices), hoy creo que también puede aplicarse a las ciudades

- Escrito el 03 octubre, 2017, 6:31 pm
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Residan a las afueras o en el centro, las urbes son para vivirlas, para pasear y perderse, para reunirse y disfrutar, para descubrir nuevos rincones, para sentirlas como casa propia.

Por eso, es importante que una ciudad sea transitable, de un lado, con un centro urbano peatonal y, de otro, con un eficiente sistema público de transporte. Las ciudades deben pensarse, igualmente, para ser capaces de integrar a las personas en cada una de las etapas de la vida (infantil, juvenil, adultos y ancianos) y ser accesibles a los ciudadanos discapacitados tanto físicos como sensoriales.

Una ciudad en la que vivir ha de respirar y, por tanto, necesita (más de) un pulmón, zonas verdes y cuidadas que sirvan de puntos de encuentro entre las personas y la naturaleza. Y que la ciudad también respire cultura. Decía María Zambrano que la cultura es el despertar del hombre (y la mujer).

En ese sentido, también inclusiva, en cuanto a identidades y clases sociales. La solidaridad y la integración deben formar parte del ADN de toda ciudad.

Ciudades abiertas e integradoras

Indudablemente, otro factor que influye en la calidad de las ciudades es su incorporación a las nuevas tecnologías. Una metrópolis 3.0 permite al ciudadano de hoy -el ya nativo digital- conectar e interactuar de una forma intuitiva y sencilla con los organismos públicos que gestionan los servicios urbanos. Todo ello, por supuesto, sin que los habitantes no tan tecnológicos -generaciones anteriores- vean mermado su acceso y comunicación con las instituciones municipales.

«Convirtamos las ciudades en espacios que mejoren la calidad de vida»

En resumen, para todo eso, las ciudades deben ser abiertas, integrar las distintas sensibilidades ciudadanas, promover espacios de reunión e intercambio de ideas, promover las relaciones sociales entre los vecinos, el cuidado del medio ambiente y la sostenibilidad, siempre teniendo en cuenta las oportunidades que, a día de hoy, brinda la transformación digital.

Hagamos de nuestra rutina días de celebración y de pausa que nos carguen de energía y convirtamos las ciudades en espacios que mejoren la calidad de vida, en lugar de todo lo contrario. En fin, señores y señoras, salgan a la calle y disfruten de sus ciudades.

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