Hoy toca protestar

No encuentro otra forma de entender por qué de repente se defiende un derecho y al poco tiempo esa defensa se transforma en ataque sobre ese mismo derecho. Por ejemplo el tan manido relativo a la libertad de expresión. La dictadura nos enseñó, y enseña allí donde sigue existiendo, que es en muchas partes del mundo desgraciadamente, que no se puede decir lo que uno piensa en público si eso agrede al poder establecido (más bien a sus pensamientos opresivos); es algo que se castiga con la cárcel, como si las palabras mataran. En cambio, a la parte del planeta que en su momento estábamos liberados del yugo de la dictadura nos llegó Internet, ¡un espacio de libertad que elude los controles gubernamentales! decían los más ingenuos. Pero ahora resulta que en los países ´libres` si alguien dice algo que incomoda a sus amigos (hay que recordar que en las redes sociales cada uno sigue a quien quiere, es como entrar en una conversación de un bar, si no te gusta no entres) también te pueden meter en la cárcel. Mensaje o mensajero Caricaturizar a Mahoma es una libertad de expresión, pero hacerlo con el Papa es un ataque repudiable. Criticar a unos titiriteros y desearles que estén en la cárcel por considerar que hacen apología del terrorismo (aunque un juez luego determine lo contrario) es aceptado y aplaudido por muchos, pero tratar con humor (más o menos acertado) la figura del sucesor de un dictador, a cuyas espaldas se cargan muchas muertes, es en cambio un delito carcelario. ¿Qué hacemos esta vez?, indignarnos o unirnos al linchamiento No digamos nada de todos aquellos que de repente opinan y crucifican a políticos y otros personajes públicos, como artistas, por ejemplo, y les ridiculizan, se mofan, les acusan de delitos… (incluidos los medios de comunicación) Eso, ¿a qué lado de la balanza lo ponemos? ¿Esta vez toca indignarse o unirse al linchamiento? ¿Quién marca ese resorte para que unos caigan en gracia y otros en desdicha? Creo que hay una gran parte de fila tonta, de dejarse llevar, de decir lo mismo que los demás, no sea que vayas a ser ´el rarito`. Pero realmente, puestos a buscar culpables, ¿no es mejor hacerlo en aquellos que fingiendo que defienden una postura lo que hacen es conseguir que de algo que estaba en un grupo privado, y de lo que solo se habían enterado unos pocos que posiblemente piensan igual o al menos admiten ese pensamiento, se entere todo el mundo? Cuidado con las prohibiciones Por mi parte, siempre he sido un defensor de que la libertad de uno acaba donde empieza la del otro y que por ello el respeto debe ser la base de una sociedad equilibrada y de convivencia; pero también he defendido, y seguro que por ello muchos compañeros de profesión me van a criticar, que si los medios a veces no dieran tanta importancia a algunos, éstos no tendrían motivos para generar la polémica. Se les hace esa campaña gratuita que buscan ya sea los que critican directamente o los que critican a los que critican. Respecto a las prohibiciones, hay que recordar algo que, tal y como suelen defender algunos antes de estar inmersos en los círculos de poder donde puede prohibir, es prioritario: la base es una buena enseñanza. Prohibir, porque yo considero que no es lo correcto, lo que suele llevar aparejado es el efecto inverso. Por ejemplo, prohibir la retransmisión de la misa en La 2. Automáticamente la audiencia se ha multiplicado, pasando de 300.000 a casi un millón de espectadores. Y mejor que prohibir, ¿no es pedir que otras creencias puedan tener su espacio si así lo requieren? Es seguro que, al igual que yo, muchos de ustedes nunca conectarán con una misa, pero seguro que tampoco con muchos de los deportes, documentales, culebrones y tantos otros programas que se emiten, y es normal, un servicio público televisivo se basa en cubrir todos los gustos de la población. «Debemos volcarnos más en que todos tengamos derechos que en quitar unos para imponer otros» Regreso a la cordura Desde mi humilde opinión, creo que debe regresar la cordura. Que debemos volcarnos más en que todos tengamos derechos que en quitar unos para imponer otros. Siempre he pensado que los extremos se unen, aunque sea por el final del círculo, porque tienen demasiado en común. Poco se diferencia una dictadura por el hecho de ser de derechas o de izquierdas, y poco se diferencian los que hablan de libertad y luego quieren eliminarla en pro de que eso no es lo correcto, haciendo así lo mismo que recriminaban. Al final con todo ello lo que se consigue es incentivar a los radicales (como se está viendo en muchos países) y llegamos al inicio y de nuevo a empezar. Y por favor, a los críticos, no quieran ver en estas palabras la defensa del todo vale, me estoy refiriendo a la libertad de expresión, nunca a la violencia, que no tiene justificación alguna. Post Views: 232

Debe existir como un resorte, en alguna parte del cuerpo aún por descubrir por el común de los mortales, que indica cuando se debe o no protestar

- Escrito el 04 abril, 2017, 7:44 pm
7 mins
No encuentro otra forma de entender por qué de repente se defiende un derecho y al poco tiempo esa defensa se transforma en ataque sobre ese mismo derecho. Por ejemplo el tan manido relativo a la libertad de expresión.

La dictadura nos enseñó, y enseña allí donde sigue existiendo, que es en muchas partes del mundo desgraciadamente, que no se puede decir lo que uno piensa en público si eso agrede al poder establecido (más bien a sus pensamientos opresivos); es algo que se castiga con la cárcel, como si las palabras mataran.

En cambio, a la parte del planeta que en su momento estábamos liberados del yugo de la dictadura nos llegó Internet, ¡un espacio de libertad que elude los controles gubernamentales! decían los más ingenuos. Pero ahora resulta que en los países ´libres` si alguien dice algo que incomoda a sus amigos (hay que recordar que en las redes sociales cada uno sigue a quien quiere, es como entrar en una conversación de un bar, si no te gusta no entres) también te pueden meter en la cárcel.

Mensaje o mensajero

Caricaturizar a Mahoma es una libertad de expresión, pero hacerlo con el Papa es un ataque repudiable. Criticar a unos titiriteros y desearles que estén en la cárcel por considerar que hacen apología del terrorismo (aunque un juez luego determine lo contrario) es aceptado y aplaudido por muchos, pero tratar con humor (más o menos acertado) la figura del sucesor de un dictador, a cuyas espaldas se cargan muchas muertes, es en cambio un delito carcelario.

¿Qué hacemos esta vez?, indignarnos o unirnos al linchamiento

No digamos nada de todos aquellos que de repente opinan y crucifican a políticos y otros personajes públicos, como artistas, por ejemplo, y les ridiculizan, se mofan, les acusan de delitos… (incluidos los medios de comunicación) Eso, ¿a qué lado de la balanza lo ponemos? ¿Esta vez toca indignarse o unirse al linchamiento? ¿Quién marca ese resorte para que unos caigan en gracia y otros en desdicha?

Creo que hay una gran parte de fila tonta, de dejarse llevar, de decir lo mismo que los demás, no sea que vayas a ser ´el rarito`. Pero realmente, puestos a buscar culpables, ¿no es mejor hacerlo en aquellos que fingiendo que defienden una postura lo que hacen es conseguir que de algo que estaba en un grupo privado, y de lo que solo se habían enterado unos pocos que posiblemente piensan igual o al menos admiten ese pensamiento, se entere todo el mundo?

Cuidado con las prohibiciones

Por mi parte, siempre he sido un defensor de que la libertad de uno acaba donde empieza la del otro y que por ello el respeto debe ser la base de una sociedad equilibrada y de convivencia; pero también he defendido, y seguro que por ello muchos compañeros de profesión me van a criticar, que si los medios a veces no dieran tanta importancia a algunos, éstos no tendrían motivos para generar la polémica. Se les hace esa campaña gratuita que buscan ya sea los que critican directamente o los que critican a los que critican.

Respecto a las prohibiciones, hay que recordar algo que, tal y como suelen defender algunos antes de estar inmersos en los círculos de poder donde puede prohibir, es prioritario: la base es una buena enseñanza. Prohibir, porque yo considero que no es lo correcto, lo que suele llevar aparejado es el efecto inverso.

Por ejemplo, prohibir la retransmisión de la misa en La 2. Automáticamente la audiencia se ha multiplicado, pasando de 300.000 a casi un millón de espectadores. Y mejor que prohibir, ¿no es pedir que otras creencias puedan tener su espacio si así lo requieren? Es seguro que, al igual que yo, muchos de ustedes nunca conectarán con una misa, pero seguro que tampoco con muchos de los deportes, documentales, culebrones y tantos otros programas que se emiten, y es normal, un servicio público televisivo se basa en cubrir todos los gustos de la población.

«Debemos volcarnos más en que todos tengamos derechos que en quitar unos para imponer otros»
Regreso a la cordura

Desde mi humilde opinión, creo que debe regresar la cordura. Que debemos volcarnos más en que todos tengamos derechos que en quitar unos para imponer otros. Siempre he pensado que los extremos se unen, aunque sea por el final del círculo, porque tienen demasiado en común. Poco se diferencia una dictadura por el hecho de ser de derechas o de izquierdas, y poco se diferencian los que hablan de libertad y luego quieren eliminarla en pro de que eso no es lo correcto, haciendo así lo mismo que recriminaban.

Al final con todo ello lo que se consigue es incentivar a los radicales (como se está viendo en muchos países) y llegamos al inicio y de nuevo a empezar. Y por favor, a los críticos, no quieran ver en estas palabras la defensa del todo vale, me estoy refiriendo a la libertad de expresión, nunca a la violencia, que no tiene justificación alguna.

Desde los 14 años dedicado a esta profesión del periodismo en la que ha ejercido en todos los niveles, desde corresponsal a editor.
En la actualidad es el director de los medios de comunicación AQUÍ.