¿Ha dicho usted ´libertad de elección lingüística`?

Aun a sabiendas de que puedo salir vilipendiado y trasquilado cuan oveja descarriada al tratar uno de los peliagudos temas de nuestro país y de nuestra comunidad autónoma, lo que me propongo es analizar el uso de la expresión ´libertad de elección lingüística` que tantas confusiones prácticas y efectos nocivos está generando en este cainita e invertebrado país Hay quien utilizaría el tonto tópico de que el problema es complejo y de esta manera huiría del asunto por temor a verse señalado, dejándose llevar de manera perezosa por los prejuicios reinantes y el lenguaje de lo políticamente correcto. Para evitar esta excusa de mal pagador, lo que toca es descomponer este todo ´complejo` en partes y analizarlas para sacar a la luz los fundamentos erróneos de esa supuesta ´libertad de elección lingüística` en los territorios en los que se habla la ´lengua común` (el castellano) y la ´lengua propia` de la Comunidad (euskera, catalán, valenciano y gallego). Función identitaria Conviene hacer una serie de aclaraciones de partida. Existen dos modelos para promover las lenguas: el modelo de inmersión lingüística progresivo que impone de manera coercitiva a los ciudadanos el deber del bilingüismo, o sea, el deber de aprender la lengua propia minoritaria mediante políticas de discriminación positiva como paso previo para un monolingüismo no declarado de la lengua propia; y las políticas de elección lingüística que defienden el bilingüismo y consideran opcional el conocimiento de la lengua propia. Este segundo modelo, al no ser coercitivo y fruto de la libre elección del ciudadano, tiene la ventaja de evitar la desafección, cuando no el rechazo frontal, hacia las lenguas propias que se ven más como un problema que como una riqueza colectiva a cuidar sin imposiciones. Muchos creemos que este segundo modelo es a lo máximo a lo que se puede aspirar en nuestro país si queremos llegar a un consenso razonable. La segunda aclaración va dirigida a señalar con claridad quién es el sujeto de esos derechos lingüísticos: únicamente el individuo y en ningún caso la lengua, el pueblo o el territorio. «La lengua es, en primer lugar y de manera primordial, un vehículo de comunicación y solo después posee una función identitaria» Los partidos nacionalistas, con la increíble pero cierta complicidad de otros partidos no nacionalistas, han utilizado las lenguas propias como un poderoso instrumento ideológico para construir identidades nacionales y para la consecución de fines políticos como el secesionismo. Craso error, pues la lengua es, en primer lugar y de manera primordial, un vehículo de comunicación y solo después posee una función identitaria. Por ello, es un absurdo reivindicar algo que ya es propio por nacimiento e imponer una cultura y una lengua de manera coercitiva a quien no la posee de nacimiento. Derecho lingüístico Mal que a algunos les pese, el hecho lingüístico es lo que es y no lo que algunos piensan que debiera ser, restituyendo un supuesto tiempo pasado en el cual se hablaba la lengua propia. El derecho a la lengua habitual de los hablantes actuales se antepone a las reivindicaciones lingüísticas de los nacionalistas. No se puede imponer ningún derecho del pasado sobre el presente a través de leyes y decretos lingüísticos. El hecho o realidad lingüística precede y funda el derecho lingüístico de sus hablantes. Lo contrario supone el absurdo de ir contra la realidad lingüística del presente. Al contrario que en otros ámbitos de la política en los que por desgracia el derecho (la ley, el deber ser) pretende cambiar el hecho injusto (por ejemplo, los diferentes tipos de discriminación), en el caso de la lengua no está justificado que el derecho pretenda cambiar el hecho lingüístico actual porque de lo contrario se estaría cometiendo una injusticia lingüística. En el caso de la lengua, si el derecho lingüístico no se acomoda a la realidad lingüística no es tal derecho, sino una ilegítima imposición. «Si el derecho lingüístico no se acomoda a la realidad lingüística no es tal derecho, sino una ilegítima imposición» Además, no debemos pecar de ingenuidad diciendo que la defensa de ciertos derechos lingüísticos de unos no es lo mismo que imponer obligaciones a otros. Este es un claro ejemplo de cómo los derechos de unos imponen deberes a otros (por ejemplo, el deber de sufragarlo con nuestros impuestos o el perverso incentivo de aprender la lengua propia de la comunidad si se quiere acceder a la oferta de empleo público). Los enemigos de esta realidad lingüística reivindican un derecho ilimitado de opción lingüística, una libertad absoluta fuera de la realidad que está fuera de lugar si tenemos en cuenta que los derechos de unos imponen deberes a los demás. Por tanto, los derechos lingüísticos serán contextualizados y estarán en relación a la presencia social y cultural real y efectiva de una determinada lengua en una comunidad política, siendo esto un límite irrebasable de cualquier política lingüística. Legitimidad y justicia ¿Cómo se podría entonces materializar la libertad de elección lingüística? La verdadera libertad de elección solo se aplicaría para los que hablando solo una de las dos lenguas de una comunidad quisiera optar por aprender la otra. Pero no se aplicaría a los que hablan las dos lenguas con absoluta libertad o para aquellos que hablan una y no desean aprender la otra. Pero las perversas y nocivas políticas de inmersión lingüística imponen la mal llamada ´lengua minorizada` (concepto de la sociolingüística que es cualquier cosa menos inocente), violando la libertad de elección de los que no desean aprenderla, en base a una supuesta y victimista injusticia histórica e invocando erróneamente los derechos de un pueblo o de una lengua. La discriminación positiva de las lenguas propias pretende ´normalizar` y volver a un tiempo pasado (muchas veces ficticio e inventado), olvidando la revolución económica y sociológica que ha experimentado una ciudad como por ejemplo Elche en los últimos cincuenta años. «La verdadera libertad de elección solo se aplicaría para los que hablando solo una de las dos lenguas quisiera optar por aprender la otra» Lamentablemente en la Comunidad Valenciana asistimos, en nombre de una supuesta conciencia ´progresista`, a la defensa de la ridícula ficción de un bilingüismo impostado promovido desde las instituciones públicas que nos representan en contra de un sensato sentido de la realidad. Nos jugamos mucho y no debemos mirar hacia otro lado por miedo o indiferencia, pues lo que se dirime es una cuestión de legitimidad y justicia lingüística. Post Views: 144

Artículo de opinión de Eduardo Martín Gutiérrez | Profesor de Filosofía

- Escrito el 02 mayo, 2017, 1:00 pm
9 mins
Aun a sabiendas de que puedo salir vilipendiado y trasquilado cuan oveja descarriada al tratar uno de los peliagudos temas de nuestro país y de nuestra comunidad autónoma, lo que me propongo es analizar el uso de la expresión ´libertad de elección lingüística` que tantas confusiones prácticas y efectos nocivos está generando en este cainita e invertebrado país

Hay quien utilizaría el tonto tópico de que el problema es complejo y de esta manera huiría del asunto por temor a verse señalado, dejándose llevar de manera perezosa por los prejuicios reinantes y el lenguaje de lo políticamente correcto. Para evitar esta excusa de mal pagador, lo que toca es descomponer este todo ´complejo` en partes y analizarlas para sacar a la luz los fundamentos erróneos de esa supuesta ´libertad de elección lingüística` en los territorios en los que se habla la ´lengua común` (el castellano) y la ´lengua propia` de la Comunidad (euskera, catalán, valenciano y gallego).

Función identitaria

Conviene hacer una serie de aclaraciones de partida. Existen dos modelos para promover las lenguas: el modelo de inmersión lingüística progresivo que impone de manera coercitiva a los ciudadanos el deber del bilingüismo, o sea, el deber de aprender la lengua propia minoritaria mediante políticas de discriminación positiva como paso previo para un monolingüismo no declarado de la lengua propia; y las políticas de elección lingüística que defienden el bilingüismo y consideran opcional el conocimiento de la lengua propia. Este segundo modelo, al no ser coercitivo y fruto de la libre elección del ciudadano, tiene la ventaja de evitar la desafección, cuando no el rechazo frontal, hacia las lenguas propias que se ven más como un problema que como una riqueza colectiva a cuidar sin imposiciones. Muchos creemos que este segundo modelo es a lo máximo a lo que se puede aspirar en nuestro país si queremos llegar a un consenso razonable. La segunda aclaración va dirigida a señalar con claridad quién es el sujeto de esos derechos lingüísticos: únicamente el individuo y en ningún caso la lengua, el pueblo o el territorio.

«La lengua es, en primer lugar y de manera primordial, un vehículo de comunicación y solo después posee una función identitaria»

Los partidos nacionalistas, con la increíble pero cierta complicidad de otros partidos no nacionalistas, han utilizado las lenguas propias como un poderoso instrumento ideológico para construir identidades nacionales y para la consecución de fines políticos como el secesionismo. Craso error, pues la lengua es, en primer lugar y de manera primordial, un vehículo de comunicación y solo después posee una función identitaria. Por ello, es un absurdo reivindicar algo que ya es propio por nacimiento e imponer una cultura y una lengua de manera coercitiva a quien no la posee de nacimiento.

Derecho lingüístico

Mal que a algunos les pese, el hecho lingüístico es lo que es y no lo que algunos piensan que debiera ser, restituyendo un supuesto tiempo pasado en el cual se hablaba la lengua propia. El derecho a la lengua habitual de los hablantes actuales se antepone a las reivindicaciones lingüísticas de los nacionalistas. No se puede imponer ningún derecho del pasado sobre el presente a través de leyes y decretos lingüísticos. El hecho o realidad lingüística precede y funda el derecho lingüístico de sus hablantes. Lo contrario supone el absurdo de ir contra la realidad lingüística del presente. Al contrario que en otros ámbitos de la política en los que por desgracia el derecho (la ley, el deber ser) pretende cambiar el hecho injusto (por ejemplo, los diferentes tipos de discriminación), en el caso de la lengua no está justificado que el derecho pretenda cambiar el hecho lingüístico actual porque de lo contrario se estaría cometiendo una injusticia lingüística. En el caso de la lengua, si el derecho lingüístico no se acomoda a la realidad lingüística no es tal derecho, sino una ilegítima imposición.

«Si el derecho lingüístico no se acomoda a la realidad lingüística no es tal derecho, sino una ilegítima imposición»

Además, no debemos pecar de ingenuidad diciendo que la defensa de ciertos derechos lingüísticos de unos no es lo mismo que imponer obligaciones a otros. Este es un claro ejemplo de cómo los derechos de unos imponen deberes a otros (por ejemplo, el deber de sufragarlo con nuestros impuestos o el perverso incentivo de aprender la lengua propia de la comunidad si se quiere acceder a la oferta de empleo público). Los enemigos de esta realidad lingüística reivindican un derecho ilimitado de opción lingüística, una libertad absoluta fuera de la realidad que está fuera de lugar si tenemos en cuenta que los derechos de unos imponen deberes a los demás. Por tanto, los derechos lingüísticos serán contextualizados y estarán en relación a la presencia social y cultural real y efectiva de una determinada lengua en una comunidad política, siendo esto un límite irrebasable de cualquier política lingüística.

Legitimidad y justicia

¿Cómo se podría entonces materializar la libertad de elección lingüística? La verdadera libertad de elección solo se aplicaría para los que hablando solo una de las dos lenguas de una comunidad quisiera optar por aprender la otra. Pero no se aplicaría a los que hablan las dos lenguas con absoluta libertad o para aquellos que hablan una y no desean aprender la otra. Pero las perversas y nocivas políticas de inmersión lingüística imponen la mal llamada ´lengua minorizada` (concepto de la sociolingüística que es cualquier cosa menos inocente), violando la libertad de elección de los que no desean aprenderla, en base a una supuesta y victimista injusticia histórica e invocando erróneamente los derechos de un pueblo o de una lengua. La discriminación positiva de las lenguas propias pretende ´normalizar` y volver a un tiempo pasado (muchas veces ficticio e inventado), olvidando la revolución económica y sociológica que ha experimentado una ciudad como por ejemplo Elche en los últimos cincuenta años.

«La verdadera libertad de elección solo se aplicaría para los que hablando solo una de las dos lenguas quisiera optar por aprender la otra»

Lamentablemente en la Comunidad Valenciana asistimos, en nombre de una supuesta conciencia ´progresista`, a la defensa de la ridícula ficción de un bilingüismo impostado promovido desde las instituciones públicas que nos representan en contra de un sensato sentido de la realidad. Nos jugamos mucho y no debemos mirar hacia otro lado por miedo o indiferencia, pues lo que se dirime es una cuestión de legitimidad y justicia lingüística.

Los artículos firmados por redacción son aquellos remitidos por terceros para su publicación en el diario digital AQUÍenCrevillent.com